domingo, 2 de julio de 2017

Miguelin el Casero

'El único derecho inherente al preso
es la fuga'


Andaba por las Fiestas del vino en Haro y le dió por bajarse con la camiseta manchada del tintorro de La Rioja a tierras de La Linea de La Concepción, allí a la Atunara a ver al abuelo Magdaleno y del tirón tirar para los Pirineos con una pequeña muestra de los hashises para abastecimiento del FLF en tierras montañosas.


Lo que pasó es que una pareja de picoletos andaluces como los de la foto, lo interceptaron en un coche alquilado rojo con matricula de Madrid rumbo a Barcelona, junto a un legionario majara que acababa de recoger en Ronda y al otro facha de las galletas que venía pedo de vino igual que él. En la mochila no había libros catecumenales como declaró a los picolos, sino tomos y tomos encelofanados de hash. Acabó con sus huesos en los calabozos de Baza. Lo demás viene en el archivo de instituciones penitenciarias.

ABAJO LOS MUROS DE LAS PRISIONES
ESPETXEAK APURTU

miércoles, 28 de junio de 2017

La Pelusilla Morente se va a Cuenca

'La vida te dé salud y gozo,
y casa con corral y pozo'


Sale de su casa rezumando fragancias frescas, y como empapado en esencias florales luce su mejor pijama para la ocasión. Una fulgurante pieza de terciopelo rosa que se enfunda desde la cabeza a modo de capucha cornuda y que de una pieza cubre el cuerpo de una manera ajustada y ligera hasta la cola punzante.

Luce el uniforme de bicornio rosado para celebrar el día de la dignidad queer. Todo el mundo le mira asombrado como de esa manera elegante contornea sus curvas camino a la estación de ferrocarriles. Antes, dedica unas miradas a los muertos del cementerio, como recordándoles, mientras prosigue su rítmico caminar hacia el futuro cercano, el más incierto de todos los futuros.

En el único bolsillo que esconde a modo de canguro el pijama, guarda sus reliquias. Una octavilla política, un sobre con algo en su interior y una foto de un muchacho de cara aniñada y sonrisa de adolescente. La octavilla dice así:

'Aquí estoy en mi plasticidad social, en plasticidad con mi naturaleza sexual, humana y compleja, en la que el sexo no se entiende en términos morales, sino en términos de erotismo y aprendizaje.

La identidad sexual está mitificada, yo no soy ni hetero, ni homo, ni bi, ni trans. Esa es una identidad ficticia y limitante, pues las personas son mucho más diversas que las categorías y otras filias. En todo caso, lo que debe calificarse son los actos, fantasías o deseos puntuales, y no las personas que desean, fantasean o participan.

Yo sigo siendo raro porque no entiendo la diversidad sexual sin su componente político y es por ello, que no quiero participar en ese lobby TGBL clasista, que desde una posición elitista y consumista está obviando todo significado político. Siguen enmarcados en ese voluptuoso discurso heteronormativo por oposición y patriarcal por definición.

Firmado por L. Pelusilla Queer'

Luego hizo 1000 fotocopias de las que obtenía 2000 octavillas y tras dejar una en la copisteria donde le sonreían por la apariencia de demonio afable y depositar otra en el sobre, junto a una postal y la foto del muchacho, compro un sello de franqueo y salió rumbo a Cuenca a repartir las octavillas. 

Durante todo el camino hacia la estación e incluso durante el trayecto del ferrocarril estuvo auxiliando a la gente en sus esfuerzos por entender algo tan evidente pero que choca tanto en la cultura judeocristiana. Que el sexo no se entiende exclusivamente para procrear, y que las filias sexuales no son conductas o comportamientos desviados como aún sostienen muchas disciplinas de la mente y la conducta como la psiquiatría y la psicología, sino que de mutuo acuerdo y entendimiento las personas pueden explorar en su imaginación nuevas formas de placer, al igual que hacen en sus vidas cotidianas cuando inventan nuevas formas de convivencia o alternativas a la pareja sexual.

Cuando encontró un buzón de Correos de ese horrible color amarillo hizo un ademán de repugnancia por el evidente color nacional, y estiró el brazo hasta introducir aquel sobre en el camino a su destino. Luego respiró hondo como si se hubiese quitado un bello peso de encima y siguió contorneando su culo que rebosaba erotismo con ese color rosa aterciopelado, con una sonrisa en la cara y un pensamiento en su cabeza, conquistar al rudo campesinado conquense en busca de cualquier fantasia recurrente. 






martes, 6 de junio de 2017

Cementerio de Ciriego, Santander


La llegada al embarcadero fue un acontecimiento. A bordo de una barcaza con motor diésel llegamos a nuestro destino fúnebre. Las agujas del reloj proseguían su rítmico caminar cuando la proa se alineó a las dársenas.

Solo unas decenas de horas habían pasado desde aquel cruce de caminos. Ahora sospecho que nuestros pasos se cruzaron por otros motivos diferentes al itinerario. Un suspiro de cuatro días es coger mucho aire. El vino, los pintxos y un paseo por la ciudad quemada fueron suficiente para entroncar los pasos hacia la última morada de los hombres. Todo un mensaje ritual. Cada cual por sus motivos.


Juntos, como dos desconocidos cogidos de la mano frente al Monumento a la Libertad, monolito honorifico a hombres y mujeres que murieron en la conquista de la Libertad y por la Revolución Social. Allí donde el silencio grita, nosotros callamos. En mi mente la preocupación por los parientes de CNT-FAI que habían fusilado allí y que no estaban en las listas. Mientras, ella se relamía mirándome.

Contábamos nuestra despedida en fragmentos de espacio. El paseo nocturno por el Parque de La Marga resultó la despedida más racional. Luego me marché, aunque la que levó anclas fue ella.


A Nazareth, la marinera que me mostró el romanticismo de las Casas del Mar




domingo, 28 de mayo de 2017

Al hombre de las huellas de roble


'Y llegó un pensamiento,
una pompa de pelusilla volante,
y al reconocernos, viró a nuestro encuentro,
y haciendo cabriolas pasó de mi mano a la de Paco,
y se regocijó en volteretas para saludar también a mis hermanos,
subiendo y bajando a su antojo, sobrevolando nuestras miradas,
y al rozar nuestros dedos ascendía para hacer más escénica la señal.
Tras una pausa, subió hasta volatilizarse, desapareciendo de pronto de nuestras vidas'




Sin embargo yo no hacía más que bajar. No podría decir cómo, pero a trompicones con una velocidad atropellada, bajaba y bajaba entre arroyuelos de piedras rodadas idénticas a las que tirabas al mar para que saltaran saludando como sapos voladores. A cada rato un golpe en los salientes de las rocas me recordaban que el descenso no era agradable. Como en una torrentera cinética, cada vez tenía la sensación más real de que iba escarbando la tierra como una tuneladora entra por donde no hay entrada hasta salir por el otro lado.

Cada vez menos luz, cada vez más estrecheces y más golpes, a cada cual con más furia. No tenía tiempo de mirar a mi alrededor porque no había nada, ni encima ni debajo. Me adentraba por el interior de una lombriz semitransparente opacada hacia abajo, cada vez a más velocidad sobre mis pasos. A trompicones. Ahora era el sonido quien se oscurecía haciéndolo cada vez más lejano, hasta que apareció aquel recuerdo.


'El viento embistió el ventanuco,
abriéndolo bruscamente,
al tiempo que la hermana gritaba:
Entra !!!'

Y entré en aquel espacio reducido, circular y oscuro como cae un yunque desde una ventana hasta estrellarse contra el suelo. Por la humedad se diría que era un pozo. En la semioscuridad que me brindaba mi visión, seguí el único rayo de luz que bajaba de arriba, pudiendo reconocer una salida por una angosta chimenea circular empedrada con piedras rodadas como las que tirabas al mar para que saltaran saludando como sapos voladores.



El tamaño de aquel resquicio de luz era tan diminuto, que supuse que se encontraba muy lejos, demasiado arriba para subir por allí. Y entonces me dedique a reconocer aquella especie de celda de aislamiento de un escaso metro de diámetro empedrada hasta un suelo, que parecía ser de tierra. Cuando hinqué los dedos en ella pude comprobar la frescura de los arroyos en los matices olorosos que desprendía. Sentí la tierra mojada. El olor de tus macetas.

En cuclillas, con las manos apretando la tierra tras mis piernas, sentí la claustrofobia del espacio angosto. No podía moverme y mi posición era muy poco dichosa. Saltaban las señales de alarma y la tensión empezaba a subir y el corazón a latir imponiendo su ritmo a cualquier otro sonido. Me concentré para no caer en la histeria. No había otro sonido. Ahora me parecía estar en un ataúd vertical, agachado en él sin poder levantarme, con las manos puestas sobre el lumbar como cuando te esposa la policía. Empecé a reír con la idea de que aún podía ser peor, si tras de mí hubiese un fuerza de seguridad orgulloso de apretarlas hasta hacer daño. Pero no, mis latidos me decían que podía estar enterrado vivo. Solo y vivo. Respiré hondo y pensé en algo agradable. No estaba esposado.

'Ahora veo la fortaleza del lobo solitario en tu vida,
tu bolsa negra de pequeños viajes en el suelo,
vacía y sola, arrinconada.'

Me acordé de las pequeñas lombrices que salvabas de caer en un anzuelo metiéndolas en tus macetas. Recuerdo que antes de depositarlas, las mirabas en un primer plano como se revolvían entre tus dedos de gigante. Lejos de martirizarlas les decías que ellas habían nacido para hacer galerías, que por las galerías se accede a las cavidades oxigenadas y que en ellas cuando hay vida siempre hay raíces. Tus plantas brillaban salud.



Semiadormilado por la falta de oxigeno no empecé a discernir lo que parecía el sonido de un objeto cayendo por un pozo, chocándose con las paredes en su caída, con un toc, toc, toc cada vez más cercano, descompasado, hasta que su cercanía me decía que podía ser algo grande, con un eco asonante que le seguía a mayor velocidad. En esas fracciones de segundo, antes de mirar hacia arriba, que era el único movimiento que podía hacer, pasó por mi mente que en una de las pocas cosas que coincidíamos, era en que a mí también me gustaban las galerías. La luz había desaparecido y pensé que me estaban dando sepultura, echándome la tierra encima. Tierra que me parecía muy poco leve en aquella situación.

Con los nervios del pasar de los segundos y el sonido que se acerca, decidí protegerme la cabeza con mis manos y brazos que salieron lastimados de la brusca operación de ponerlos sobre la cabeza. Tenía el codo derecho desollado y el izquierdo sangrante pero mejor. Varios rasguños sanguinolentos me recorrían los brazos y el hombro me avisaba de un dolor muy poco subjetivo. Todo sucedió en diez fracciones de segundo, mi aullido de dolor, los golpes que eran inminentes, la sangre manchada con tierra, un rojo y negro muy pictórico para lo que me cayó encima.
'Mikel Gurea Zaizu Euskalerria'

No me hizo daño, fue más bien un golpe acolchado sobre la palma de mi mano que protegía mi cabeza, en jarras sobre ella. Lo que palpé me hizo llorar de pena, de angustia y me erizó todos los pelos de mi cuerpo en un recorrido completo hasta sentir la raíz y sus puntas. Raíces, galerías, lombrices, cadenas, lloraba y lloraba sin parar. Creía tener en mi mano una de las medallas de Done Mikael Aingerua que le regalé a Pepe y a Paco tras un peregrinaje genealógico a Aralar. Cerré la mano con fuerza.




Mi posición era idéntica a la del Señor de las Milicias Celestiales, con las manos sobre la cabeza. En aquellos momentos no me hubiese importado llevar sobre ellas una cruz si hubiese podido estar vagando por la Sierra de Aralar en busca del dragón.

Esa medalla la lanzó mi amigo Pepe al pozo que se encuentra en el fondo de la cámara del Dólmen de Menga, sepulcro megalítico de galería cubierta único entre otras cosas por ese pozo. Las lágrimas caían más despacio, como si ya hubiese llorado bastante. Yo estaba allí cuando la lanzó en señal de unión eterna y ahora estoy aquí recibiéndola, como si estuviese muerto en el otro lado. Las manchas de sangre dejadas por mis heridas son como los grabados antropomorfos de la cueva en forma de cruz y estrellas. Lloro de nuevo. Derrotado. Estoy en comunicación contigo pero no sé que quieres decirme.

La cueva orientada a La Peña de Los Enamorados, la Fuente de Los Amorcillos, los angelitos desnudos, los pececillos. Está lloviznando, como un zirimiri andaluz, y eso me anima a pensar que hay salida por arriba.

'Ya le he dado uso a tu bolsa para que se sienta viva,
pero no es el mismo traqueteo de idas y venidas,
cargada de comida y regalos, verdadero continuo en tu vida.'

El agradable frescor del agua cayendo me despierta y mirando hacia arriba veo como si hubiese una regadera encima, venga a regar y regar, con las gotas de agua cayendo frenetizadas por la gravedad. Me veo como si estuviese en una maceta y me acuerdo de las raíces, las galerías y las lombrices. Me siento como una semilla tierna a punto de germinar, con las manos hincadas ya en la tierra mojada. A un ritmo de compás voy escarbando una primera capa de terruño pedregoso, que da paso a un sustrato vegetal muy rico en nutrientes, negruzco y muy ligero para retirarlo. Me decidí a excavar una galería que me sacara de allí, como hace una tuneladora cuando entra por donde no hay entrada hasta salir por el otro lado.



Enseguida estoy semienterrado en mi propio destino como un topo dispuesto a avanzar en busca de alguna raíz que le proporcione una subida a la superficie o de alguna cavidad oxigenada para descansar y alimentarse cuando empiezo a notar que se va la luz, no de golpe, sino como danza el ocaso del sol hasta esconderse, de manera alineada. La oscuridad premoniza un devenir noctámbulo, y en los caminos de la noche todos los ruidos son tenebrosos. Cuando miré hacia arriba, me pareció que estaban tapando el pozo, pues la luz se desdibujaba nitidamente de izquierda a derecha y de abajo a arriba, no como hace 'el sol que nos alumbra' cuando se esconde, sino como un filtro que va tapando lentamente la luz del fotógrafo. La oscuridad de la tierra es diferente a la oscuridad celestial.

La frustración me hace golpear la tierra y zapateándola con rabia provoco que ceda el suelo. Con el susto que causa en el equilibrio no mantenerse firme donde sostenerse, voy cayendo por el vacío hasta chapotear en unas aguas subterráneas. Agua helada con aromas minerales. Trago agua sin sed en mi tránsito por el freático y ahora oigo los ruidos del líquido en su erosión vibrante. Percibo las moléculas batiéndose en reacción como cuando una naranja se extruja para sacar su elixir licuado. Ahora floto velozmente a expensas del discurrir del venero verdadero, el que esconde mis verdades de mí mismo, el que me encamina a mi propio destino.

'Él mismo, por sí mismo unicamente,
eternamente uno, y solo'
Platón

Me encuentro a mi mismo flotando circularmente en un calmado estanque subterráneo. El giro que me provoca la inercia del agua va siempre hacia la derecha porque a mi izquierda está la llegada del cauce en cascada hasta aquí. Ahora los sonidos del agua son sugerentes, melodiosos, y descubro entre estos placeres que encuentro, que el agujero sigue allí arriba con su luz moviéndose pausadamente, como hace un reloj cuando no quiere que pasen las horas. Ahora mirando hacia arriba, imagino ese agujero como el orificio de evacuación de la maceta con aquel sustrato vegetal tan familiar y como la escorrentía del sobrante del agua me había transportado a donde va el agua. Hacia abajo.



El frio empieza a dominar mi cuerpo y escudriñando la mirada descubro que es un lago interior, dentro de la caverna. Me aproximo a la orilla con un nado de pato perdido pues el agua es negra y los fondos resbaladizos. Subo como puedo a una estalagmita para divisar lo que hay más allá de toda esta selva de piedra vertical. Miles de soportes, columnas, atrios, salientes y galerias se abren ante mi mirada, y el orificio desde la altura que de nuevo aparece iluminado por la luz. Recuerdo ahora aquel eclipse lunar total que disfrutamos desnudos en el Monte Coronado. Acontecimientos naturales que siguen inspirando nuestra atracción, que siguen inundando de magia nuestras vidas. Con positividad respiré hondo decidido a avanzar, atrás quedaban las macetas y los estanques, hacia delante las posibilidades. Mi primera impresión fue avanzar hacia la elevación más cercana a la luz, pero cuanto más me acercaba yo, más se alejaba ella por lo que desistí en cuanto comprendí el sinsentido. Ninguna arista me iba a llevar hasta allí. Sin embargo, la luz es la referencia, nunca hay que perderla de vista.



Sorteando columnas y desniveles fui avanzando hacia no se sabe donde, pero decidido a no permanecer parado. Conforme caminaba entre pensamientos, el magnetismo de la tierra marcaba mi norte y mis pasos lo seguían como si de una brújula se tratase. Fui así sorteando el centro de la tierra por galerias, salas y chimeneas, y a cada paso que daba una maravilla asombraba mi intelecto. El tránsito se hizo así de agradable en un tiempo que no se si corría o se abstraía. De repente, mis pasos pararon y mi último asombro fue descubrir que mi perseverancia me llevo a la salida de la cueva, aquel agujerito que siempre me resultó inalcanzable, se abría al exterior ante mi. Corrí apresurado hacia la luz y con mis brazos en angulo recto, saludé a la vida con los ojos cerrados. Bosque. Trinos. Luz.

'Al fin y al cabo, el viejo tenía razón:
Vivimos en un mundo en el que nadie escucha'

Bajaba corriendo a tumba abierta, a trompicones. Yo no hacía más que bajar. No podría decir cómo, pero a trompicones con una velocidad atropellada, bajaba y bajaba entre laderas florecidas hacia la espesura del bosque. Así, se puede amar la vida, como cuando corres en busca de la persona amada para que te balancee en sus abrazos. La vida es un beso de luz fiel.



Y el túpido robledal al que llegué me recibió con el alboroto que procura la vida del bosque. Un barullo de murmuros, rumores y conversaciones simultáneas acompasaban el golpetazo que me dieron en el hombro derecho, aún dolorido.
- Chiquillo, que te has quedado dormido o qué? Que tu voto decide.
Yo con una hoja de roble en la mano y la mirada perdida en mis pensamientos, recordé lo que Pepe decía de ese rincón, y tal como lo recordé lo espeté ante los vecinos:
- Sólo le falta la cama

Y es que en el Corralón de Romerales se estaba celebrando una asamblea para decidir si se destruía un rincón que había sido el alma del patio por la sombra del roble que lo presidía, con un pozo encalado a sus pies, engalanado de preciosas macetas de flores. Los vecinos estupefactos por mi intervención me miraban aún extrañados por lo que había dicho de la cama, hasta que el presidente, que era quien promovía el punto del orden del día me espetó:
- ¿Qué has dicho?
- Lo que habéis oído, bajo este roble de medio siglo ha habido muchos amoríos visibles e invisibles, muchas charlas de vecinos y juegos de nuestros niños. Muchos os habéis surtido de lombrices para la pesca. Apoyados en ese pozo hemos cantado y bailado a la alegría, juntos y separados. Nos hemos refugiado en su sombra y protegido de las lluvias. No sé puede decir ahora que el árbol ha crecido mucho y que el trinar de los pájaros ya resulta molesto. Es hipócrita decir que ocupa mucho espacio que podía utilizarse para que los niños jueguen, cuando antes habéis prohibido jugar a pelota, circular en bicicleta y hasta correr. Creo que se debe conservar ese espacio para el disfrute de todos. Justo como hasta ahora.

Y mientras los vecinos daban palmas de alegría una lágrima escapaba de mí hasta estrellarse contra el suelo. 




A Pepe Papandola, el hombre que plantó el roble para comer bellotas


lunes, 1 de mayo de 2017

Uzturreko Kurutzea

'Oiu bat aditua izan da
Euskaldunen mendien artetik'

ED50 30T 577245 4778332
662 mt
43º 09' 11.95'' I
02º 03' 06.19'' M







Kaixo Ama, Ez ahaztu...

Malagako Hospitaleak, 2005ko Azaroaren 28an. Argi Beltza
Izaskune Baseliza, 2006ko Maiatzaren 1a. Aurresku
Uzturreko Kurutzea. 2007ko Uztailaren 3a. Goian Bego


domingo, 30 de abril de 2017

Pakillo La Kasilla, panadero en Barakaldo


'Aquí estoy pa'lante y pa'trás,
esperándote,
como un pájaro en un cable.'


Nadie puede a día de hoy certificar que naciste un 30 de abril de 1929 en La Kasilla de Los Verdiales, una atalaya natural de Málaga desde la que se divisa su bahía. Por eso no está la fecha de tu nacimiento en la lápida que cerró tu marcha. Haciendo honor a tu testimonio, repetiste continuamente que tu eras del año del crack económico, aquel que desmoronó en un primer envite las ansias capitalistas ante su posición hegemónica. Tanto lo repetiste, que no puede ser fiable la fecha que recogen tus documentos. La partida de bautismo está desaparecida. En el registro civil no consta.

Quiero rememorar tus palabras cuando aseverabas que todo arrancaba en la Guerra del Rif, 'donde embarcaron a tantos miserables para llevarlos a la muerte segura'. En el partido de los Berdiales del primer tercio del siglo XX, la dignidad campesina era muy dura, como la tierra seca que les daba de comer, adaptada al trabajo de sol a sol. Y esa opresión política les llevó a inventar los primeros signos de la rebelión, los primeros sentimientos antimilitaristas. Se inscribió a algunos hombres como mujeres para que no tuvieran que ir a la guerra, se utilizó la emigración para evitarla. El párroco, posiblemente de la zona, con auténticos lazos con la población, se alineaba con la razón pacifista frente a la legalidad de las levas o reclutamiento forzoso para ir a luchar a las colonias.

Esos años y los posteriores fueron muy duros, de continuos cambios de régimen, que desembocaron en el advenimiento de la segunda república, y supusieron la mayoría de edad para el movimiento obrero, verdadero embrión del cambio que se aproximaba. En 1931 se quemaron los libros sacramentales que correspondían a la Ermita de Los Verdiales. Ardieron por el recelo, entre otros motivos para evitar el control de los datos. Con la toma de Málaga por el ejército nacional, la represión llegó a estas alturas del monte con muerte, encarcelamientos y exilio.

El libro que contenía tu inscripción fue devorado por las llamas. Una buena alegoría para alguien nacido el día del sabotaje, previo al Primero de Mayo, día de lucha para la clase trabajadora.

Hoy son 88 años que cumples, 71 del siglo XX y 17 del siglo XXI. 
Han pasado 282 días. Que efímero es el tiempo...