domingo, 27 de agosto de 2017

Artzai Eguna 2017 [Uharte Arakil, Nafarroa]

'En todos los yacimientos importantes de Euskal Herria,
se han encontrado restos de perros junto al humano,
entre ellos un cannis familiaris de 15.000 años,
uno de los más antiguos hallados en el mundo y,
que podría corresponder a un Euskal Artzain Txakurra,
el perro pastor vasco'


El municipio navarro de Uharte Arakil celebró su 50 edición del Día del Pastor, el 'Artzai Eguna' un acontecimiento deportivo, cultural y festivo, declarado de interes turistico en 2012, que recoge el quehacer tradicional de los pastores, además de la demostración del trabajo de sus perros pastores con la oveja autóctona latxa, de pelo largo. 



El Artzai Eguna surge del interés de un grupo de montañeros de Oñati que contactan en el año 1948 con los organizadores de un concurso de perros pastores de la Comarca de Ribes de Fresser en Girona. Con el apoyo de éstos, se logra en 1961 organizar el primer campeonato en Oñati con tal éxito de acogida que se intentará extender a los otros cuatro herrialdes. El lugar elegido para el territorio navarro fue este municipio de la comarca de La Barranca, en el valle de Arakil a los pies de San Miguel de Aralar. Aquel año, debido a un incendio no se pudo celebrar, pero en 1968 se celebró en Uharte Arakil, el I Campeonato de Perros Pastores de Navarra.


Su gran éxito fue sumarse a los retos que presentaba la explotación y supervivencia de la oveja latxa, en cuanto a la mejora genética y control de la latxa frente a otras especies foráneas, y por otro lado, en la aceptación de los quesos de leche cruda de estas ovejas por parte de las autoridades sanitarias. Así surgieron el concurso de quesos y el de ovejas latxas, que promovieron sin duda, la denominación de origen del queso del Roncal en 1983, e Idiazabal en 1987.


Ya a finales de los noventa, se suma el concurso de esquileo mecánico, y se desarrolla una feria de artesania de herramientas y utensilios, demostración de elaboración de queso por el sistema manual tradicional y otras actividades paralelas.



En esta última edición, además del perfeccionamiento de todo lo anterior, nos hemos encontrado con la promoción del Euskal Artzain Txakurra, el perro pastor vasco, con un llamamiento serio a la supervivencia de la raza por medio de un estudio genético a sus individuos censados. Si tienes un Euskal Artzain Txakurra en cualquiera de sus dos variedades: Iletsua o Lanas, y Gorbeiakoa o Rojillo, tienes una gran responsabilidad. No lo cruces y censalo en EATA (Euskal Artzain Txakurren Adiskideak), su pérdida sería una gran responsabilidad.






jueves, 3 de agosto de 2017

[3] Posiciones enfrentadas

'Los nombres de lugar... nos fueron legados en herencia
desde los tiempos remotos... Ellos son parte de nuestra historia...
Y nos la cuentan con más calor y realismo que otras formas de contar...
Más sólidos que las rocas, más perdurables que las construcciones,
las palabras y los nombres permanecen vivos, transmitidos de memoria en memoria.
Es necesario guardarlos preciosamente con el respeto que se presta a los recuerdos familiares más queridos'
Marcellin Berot  


Mientras permanecía al fresco, con la bóveda mediterránea completamente estrellada, se acercó mi padre por detrás. ¿Cómo estás? me preguntó mientras me ofrecía uno de los dos cigarrillos liados que blandía su mano. Yo lo cogí sin decir nada y lo encendí, buscando aún alguna respuesta en las estrellas. No quería mirar a mi padre cuando decía: No debes hacer caso a esos tres. Por un lado tienen razón, no deja de ser sospechoso que Glazezón haga de contacto justamente ahora. Pero por otro lado, no se debería juzgar a un hombre solo por sus inclinaciones sexuales.
Entonces, ¿es verdad? Glazezón es... ¿eso? pregunté preocupado. Mi padre me cogió de los hombros para que le prestara la atención debida y me dijo: No te tiene que importar lo que cada uno sea en su vida íntima, te tienen que guiar su palabra, sus hechos y su formalidad. En el pasado hubo un escándalo que lo dejó con ese sambenito. Cada vez que quieren hacerle mal, sacan esos rumores. Yo solo te puedo decir que Glazezón es para mí un buen vecino. Lo que no quita que por seguridad tengamos que hacer algunas averiguaciones.
Antonio Cano que había salido de la cueva haciendo gestos referidos al interior, dijo: Como no comencemos ya, estos exaltados nos van a buscar un lio. Y dirigiéndose a mí, bajó el tono de voz y espetó: El Glazezón y el padre del Peluso eran pretendientes de la misma mujer cuando sucedió aquello. El padre del Peluso se encargó de que los rumores volasen como la pólvora y pudo casarse con Dolores. Seguro que ella no ha podido olvidar la honestidad de Glazezón ni la mala elección que hizo. Para más desgracias, el hijo le ha salido al padre.

Los acontecimientos habían fraccionado la partida. El apoyo con reservas de mi padre y de Cano me ofrecía un respiro. Los demás no lo iban a poner fácil. Cuando entramos de nuevo a la cueva estaban diciendo de secuestrar a Glazezón para sacarle toda la verdad. Nos dispusimos en dos grupos escenificando una realidad cada vez más acentuada. Esta vez, quien cogió la palabra fue el Peluso, que apoyado en el Practicante y en el Orejas, se había hecho fuerte. A partir de ahora las cosas tienen que cambiar. No me fio de ese caricato de Glazezón. Si esta es la deriva que va a tomar la partida, quizás ahora sea el momento de unirnos a los compañeros de los Grupos de Guerrilleros de Resistencia. Y si nos vamos los tres casi que os obligamos a venir con nosotros, no creo que os podáis mantener en estas condiciones. El Peluso cogía ahora la misma argumentación que había esgrimido mi padre cuando nos convenció de mantenernos fuera de esa corriente de unión de las fuerzas de la guerrilla que tanto se parecía al frentepopulismo de entonces. Aquel día hizo un alegato de lo que le debíamos a la organización, a las siglas que concentraron la transformación de la sociedad desde sus bases, y que ahora tanto nos necesitaban para seguir manteniendo su finalidad. Sólo pidió el apoyo de un mínimo de cinco hombres y después de Antonio Cano, fue el Peluso quien secundó sus intenciones, fieles al ideario de la organización. Luego lo hicimos los demás, uno a uno hasta conformar el grupo, que creíamos cohesionado por nuestra afiliación libertaria.

Me vino entonces a la mente la lección organizativa que el Cano me estuvo dando. El grupo se mantenía sin jefes, si bien se tendía al liderazgo orgánico con personas de reconocida valía. La asamblea seguía siendo la unidad de acuerdos, con la máxima de una voz, un voto. Mi padre había ostentado cargos orgánicos varios y tenía mucho carisma entre la gente. Además de una reconocida trayectoria durante la guerra. Antonio Cano también era un hombre de carisma que nunca ostentó cargos en la organización, pero de reconocida diligencia. Era el mayor del grupo y eso le dotaba de información privilegiada entre generaciones. Era un sabueso que había vivido el devenir de la organización desde la barrera, hilando muy fino cuando debía sonsacar una verdad oculta.  El Peluso era algo más joven que mi padre y había ostentado cargos orgánicos, pero no tenía un afianzamiento político anarquista, ni sindical. Su prestigio procedía de su osadía en los tiempos bélicos. Su personaje se definía más por hombre de acción que por militante. El Orejas y yo teníamos la misma edad, no teníamos recorrido político y estábamos en la partida huyendo de los delitos de auxilio al bandolerismo y enlace con la guerrilla. Recuerdo la intriga que presentó Antonio Cano respecto al Practicante, quién según contaba, había estado en el equipo de transfusiones médicas del Dr. Bethune durante la huida de la carretera de Málaga a Almería. El Cano no le veía manos de practicante y en más de una ocasión le catalogó despectivamente de lumpenproletariat. Luego lo relacionó con Anaya Arroyo y Rivero Vera según le había contado el susodicho, pero no tenía una procedencia definida más que el presidio, cosa que no gustaba al desconfiado Antonio.

Mi padre tardó en hablar, buscando siempre las palabras adecuadas. Arrinconado por el jaque mate del Peluso dijo: ¿Qué queréis? A lo que aquel contestó: La contraseña. El Cano saltó enfurecido, y entre una jerga entremezclada con groseras expresiones que dedicó al grupo del Practicante, se dirigió a mí diciendo: ¡Jamás! En nuestro grupo la contraseña es por cuestiones de seguridad del enlace. Sólo él puede transmitirla si así es necesario. Que se marchen con los aglomeradores si ese es su deseo. Mi padre sabía que la supervivencia con tres individuos era prácticamente un imposible, pues las batidas no dejaban tiempo al descanso. Y añadió: ¿Y si no os la facilitamos?. Partimos hacia la comarca antequerana, contestó afilando el cuchillo con un asperón. ¿Los tres?. Sí, contestaron al unísono el Orejas y el Practicante. Mi padre, tras repasarse las barbas con la mano varias veces le ofreció al Peluso una alternativa. Si mi hijo nos dice la contraseña, ¿bajamos tu y yo a entrevistar al Glazezón? Hecho, dijo el Peluso. 

Cuando mi padre se giraba hacia mí se encontró con mi oposición. Yo tengo que bajar de una forma u otra. Soy el enlace. Me niego a desvelar la contraseña. La tensión se palpaba en el ambiente y fue el oportunismo de Cano quien desbloqueó la situación dando cuentas de la opción más lógica: Si seguimos los planes tal como se nos han indicado, podéis acudir al encuentro tú y el Orejas, que sois jóvenes y fuertes para la carga. Siguiendo con nuestra táctica, el siguiente concéntrico lo formaríais vosotros, dirigiéndose a mi padre y al Peluso, que entrevistareis al objetivo, y en la retaguardia os esperamos el Practicante y yo, y agarró del hombro al que iba a ser su acompañante y le sonrió falsamente, haciendo ver a los demás que lo iba a atar en corto. Así un integrante de cada bando irá en cada fase de la operación. ¿Que os parece? Nadie se pronunció en contra, pues la salida parecía a medida de cada cual. Y así quedó establecido.

Con el acuerdo en el ambiente y casi con el alba asomando por los picos de la sierra, nos tumbamos para descansar. Hasta para dormir estábamos dispuestos en dos grupos diferenciados. Mi padre me dijo: Cuéntanos de nuevo el pasaje cuando nombra a tu abuelo. Sabía que ese detalle no podía estar ahí puesto al azar, pero no alcanzaba a vislumbrar una relación que aclarara algo. Cuando acabé de contarlo, todos estaban atentos al relato, y mi padre remató pensante: ¡Hay una nueva vía! Los documentos no provienen de Clavajar y Menorte, ambos en nuestra onda de información. Quien se los haya pasado a Glazezón nos conoce a ambos en confianza. Glazezón nunca daría estos pasos en la ilegalidad si no fuese por un pariente... o por un amigo. Nunca se acercaría a nosotros como lo ha hecho pues no existe camaradería, ni con él ni con ningún miembro de su familia. Mi padre se reincorporó echando mano al zurrón en el que guardaba 'la herramienta', miró el cilindro de cartón que sacó de él y dirigiéndose a mí añadió: Salvo con el abuelo... El Peluso tumbado en la penumbra chilló: ¡¡Tonterias!! ese desdichado solo conoce a tu padre de cuando eran muchachos. Luego la política los separó y cada uno fue por el arroyo de su conveniencia. Hace mucho que tu padre lo defenestró por su poca hombría. Y riéndose como un raposo, se giró, llevándose consigo la mantilla para abrazar el sueño contra el suelo.




La vuelta al tema del día nos hizo callar a todos de nuevo para navegar cada uno en sus pensamientos. Antonio Cano dijo con una humildad expresa que él secundaba la teoría de mi padre, como para socavar los reproches del Peluso, y se entregiró mirándonos a los ojos, para hacernos una seña sobre los otros dos. Ninguno dijo nada, el Orejas dormía a pierna suelta, y el Practicante miraba el cielo estrellado con los ojos bien abiertos sin moverse. Yo sin pronunciarme, me sentía arropado entre la posición de mi padre y de Cano. No me gustaba aquella dependencia sutil, parecía hacerme inferior en valía a los demás mientras se me demandaba un nivel de exigencia superior. A veces parecía que ambos se ponían de acuerdo para llevarme a su terreno, para que no pareciese que mi decisión ya estaba tomada de antemano. Me giré hacia ellos, molesto por estos pensamientos cuando vislumbre un gesto que me llamó poderosamente la atención. El Cano apretaba el antebrazo izquierdo de mi padre, como para decir algo sin palabras. Y lo apretó fuertemente al menos en dos ocasiones. Él no hablaba, acostado sobre su brazo derecho, parecía morir para no soltar una mueca que delatara sus pensamientos. 

Enseguida me vino a la mente la figura de mi abuelo enfermo. Las palabras de Glazezón me parecían ahora dulces rellenos de desgracia. Todo encajaba en la peor de las sospechas. Primero alabó al que dijo ser su gran amigo, al que por edad y nacimiento conocía desde chiquillo. Se habían criado corriendo juntos por esos manchones secos de La Moheda hasta que el trabajo los separó. Luego me acordé de nuevo de los besos y las carantoñas hacia mí. Sin duda, asumía el rol de mi abuelo para expresarme mi valía. Así lo sentí yo. Como alguien que me valoraba por mí mismo, sin la figura de mi padre haciéndome sombras. Luego se arrogó con determinación la figura de enlace -como un último favor- si salió de él, o -como un último deseo- si se lo pidieron. Mi abuelo volvió enfermo del campo de trabajo en el que pagó su condena. Sus continuas pulmonías mal curadas, le hacían padecer de neumonías febriles que lo postergaban en la cama cada vez más tiempo. Las últimas noticias eran relacionadas con el asma, y se estaba deteriorando física y mentalmente. Yo no quería pensar en esa posibilidad, pero parecía que la madurez llamaba a mi puerta presentándome todos los detalles para demostrar lo contrario.

Volvió de la capital al terreno que lo vio nacer y crecer, con mi hermana y conmigo, no se si para morir allí o para estar cerca de la sierra a la que se incorporó su hijo tras la derrota. En lo poco que estuvieron de acuerdo padre e hijo en toda su vida, fue en la decisión de no marchar hacia Antequera hasta que no fuese necesario. Mi padre habitó aquí en el terreno hasta que se ennovió en la ciudad. Lo cierto es que ahora comprendo el grado con que nos hizo amar esta tierra porque reconozco toda la toponimia y la topografía de la zona sin haber vivido aquí. Y así fue como -ya con el sol iluminando los campos- caí convencido por el cansancio, no sin una extraña mezcla de tristeza, por los indicios que pendulaban sobre la muerte de mi abuelo, y de felicidad, por hallarme en un lugar familiar.


A los abuelos y abuelas que pudieron conocer a sus nietos
y a quienes no pudieron hacerlo