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domingo, 26 de febrero de 2017

La Kasilla de Buena Vista, el Lagarillo olvidado

'Circulan los verdiales,
por los campos malagueños,
circulan los verdiales,
y son como pajarillos
que salen de los trigales,
con panderos y platillos.'


En una de nuestras visitas periódicas a Los Montes de Málaga conocimos a un hombre de Los Portales, un hombre hecho, con aspecto bonachón, de los del vínculo con la tierra, el aprecio a las cosas naturales y a la formalidad. Había sucumbido al despoblamiento cuando sus amigos lo dejaron solo. Aún así, continuó con su labor en el campo, principalmente su afición a las uvas y al vino de Los Montes, la variedad Pedro Ximen. Hablaba con tono melancólico de su manchón de vides. Comentaba que todo lo aprendido durante su vida, y todo lo recogido de sus ancestros se lo llevaba la vida moderna, la vida cómoda.

De testimonios así, de historias de vida de personas anónimas por su humildad, se recogen saberes tradicionales y se recopila parte de la cultura de estos territorios montañeses. Ese imaginario vital de las personas no se puede perder como las piedras de los lagares y casillas esparcidas por el entorno, que se inundan de grietas hasta caer en el olvido. Hoy vamos a reflejar lo que alberga un Lagarillo olvidado, en palabras de su morador hasta hace pocos años, La Kasilla de Buena Vista.

'Que corra por las gargantas
el vinillo de Los Montes,
el que el ánimo levanta,
cuando por las venas corre
los verdiales se arrancan.'



Lo primero que se observa es que son casas pequeñas, humildes, adaptadas al entorno. De humedecida argamasa, tienen una sólida base de piedras extraídas del terreno y heredadas de otras construcciones más antiguas. El tejado se termina a base de tejas de barro cocido. Con el auge de la urbanización, el ladrillo empezó a colonizar unas conciencias que no tardarían en obstinarse en la vida moderna como la panacea a sus vidas simples, y que empezarían a bajar a la ciudad a desarraigarse de su vida campestre y a perder sus expresiones culturales. En general, en la ciudad progresaron.

'Parece mentira eso,
un malagueño decía,
parece mentira eso,
que sea tan divertida
una fiesta de catetos'

Las casas se cierran con cal, producida durante años en el terreno en un trabajo comunal o para sacarse unos jornales. Las caleras son hoyos compactos y redondeados en la tierra, compuestos de un recipiente y una caldera al fondo, a la cual se accede mediante una puerta al exterior para agregar y atizar la leña durante tres días y tres noches continuadamente hasta que la piedra esté totalmente cocida. El recipiente de la parte superior se viste con piedra caliza blanca, que históricamente se ha recogido de los lechos de los rios, o con piedra javaluna para hacer cal morena, que se usaba con arena como si fuera cemento. El recipiente se completa embovedando hasta el techo con piedras, cerrándola y reteniendo al conjunto, con una piedra clavo. Luego se cubre todo el exterior con barro y ramas verdes de adelfas o retamas.

El sistema es similar al del horno, debiéndose producir un fuego intenso y continuo que mediante una chimenea central hace llegar el fuego por entre las piedras a todo el recipiente, mientras que evacua por el mismo sitio hasta la caldera toda la ceniza que va produciendo la quema. En el terreno de Buena Vista existe una calera escondida tras unos frondosos zarzales, perdiéndose primero su uso y ya casi, su localización. La cal era muy apreciada a partir de primavera por la larga tradición de blanquear las casas. Tras enfriar las piedras durante dos días, ya se podía hacer con ellas cal, añadiéndoles agua.



'Nos invitaron de fiesta
al Lagar de Serranillo,
en una noche de invierno,
cruzando los caminillos,
cogidos por no caernos,
con agua hasta los tobillos.'

Los lagares son edificios o recipientes donde se pisa la uva para extraer el mosto. También se les llama así a los que prensan la aceituna para extraer aceite, y a los que machacan la manzana para obtener sidra. En su interior albergan todo tipo de herramientas y aperos para el trabajo agrario, para la reparación, el bricolaje y para la elaboración de vinos y vinagres. Muy a menudo disponen de bestias para determinadas faenas, como una yunta de mulos, con aperos especificos como las aguaderas para transportar cántaros de barro. El Lagarillo de Buena Vista tiene una estancia adecuada para la pisa de la uva, adaptada a un uso familiar y comunitario.





'Entre mujeres y hombres,
seríamos ocho o nueve,
lloviendo con mucho frio
y pegando tropezones,
y el estómago vacío,
pero lleno de ilusiones'

La dura faena de la uva está muy bien descrita en el refranero popular, que dice 'la uva y el potro que lo críe otro' aludiendo al esfuerzo de lumbares, y a lo trabajoso de su cultivo, debiendo darle muchas vueltas, haciéndole muchas tareas, para su mejor rendimiento. Las cepas son delicadas y requieren de cuidados ineludibles como la poda tras la recogida. Es imprescindible hacer una limpieza de sarmientos para que la cepa coja fuerza y tire nuevos sarmientos más vigorosos. La poda debe ser concienzuda, se trata de obtener muchos puertos, desde donde brotarán las nuevas ramas y los codiciados frutos. Otra de las tareas imprescindibles es oxigenar la tierra mediante cava a mano, o arando con yunta de mulos quien disponga. Tras ello, otra vez se deberá ir cepa por cepa para desenterrar el tronco y evitar que se humedezca. Se abonará la tierra con estiércoles orgánicos y se estará pendiente de posibles infecciones de mohos y cenizas. Todo esto sin hablar del clima y del desnivel del terreno.



Cuando los caminantes cogen un racimo de uvas, nadie les va a recriminar, pero no saben ellos lo que cuesta dar forma a estos frutos apelotonados, dulces y golosos, que gustan a todos de comer, pero que pocos cultivan. Los pajarillos son un azote porque picotean todos los frutos estropeando el racimo, los zorros raposos gustan de mordisquearlos, el jabalí arrasa por donde pasa, y el ser humano es incapaz de coger solo un racimo y gusta de llevar siempre una bolsa de supermercado. Quienes se deciden a cultivar es por una especial sensibilidad a la herencia enológica local, y por la indudable influencia que tiene la cultura del vino en estas laderas apartadas, con su forma de vivir y relacionarse, que se escenifica muy bien en los verdiales, y en la maragata, expresión folklórica de música y baile de esta zona.

'Cruzamos los forestales,
pinchándonos con las matas,
para ir de Verdiales,
también de Maragatas,
salimos de Los Portales,
calzados con alpargatas.'




Desde agosto se puede ir cogiendo uva para consumo doméstico hasta la vendimia en septiembre, fuera de lluvias, para que no se diluya el grado de azúcar. La recogida es otro de los momentos álgidos y duros. Todos se han cortado en las manos alguna vez. En un lagarillo familiar como éste, la vendimia abría paso a uno de los momentos mágicos, igualable en importancia a la matanza, por el cual empezaba la sangre a hervir. Ya se veía la producción de uva, pero faltaba transformarla en vino. No es para menos, si el proceso anterior ha sido duro, a partir de ahora va a haber alrededor de 30 días, según la cosecha, de pisar la uva. Trabajo físico durísimo, monótono y aburrido.

Se echa la cosecha en el suelo del lagarillo y se pisa continuamente durante toda la jornada con alpargatas de esparto si pisas uva fresca, y con alpargatas de suela de madera si pisas uva pasa. El mosto va cayendo a un pilón de obra, una orza, una vasija u otro recipiente, y de ahí se saca para guardarlo. Tradicionalmente, se guardaba en económicos barriles de madera de castaño. También los había de roble de mayor calidad. En barril, el vino ha hervido a los cuarenta días, y ya se puede consumir y vender, y así aparecían unos ingresos muy necesarios. También se podía almacenar en garrafas de cristal de una arroba, que equivale a 16,133 litros. Se almacenaba en estancias alejadas de la luz y frescas, simulando una bodega.

'Con un farol 'encendío'
y cuando el agua arreciaba,
hasta el farol apagaba
y nuestro cuerpo era un rio,
toda la ropa empapada.

Dicen los entendidos que del estruje que se le da en la última parte del proceso de pisada dependerá el tono del vino. El estruje se ha hecho tradicionalmente mediante la maroma, una rudimentaria prensa consistente en rodear los restos mediante una soga gorda, de forma que no se escapen. Rellenar en exceso para ponerle encima una madera con pesos que hará de prensa. Se extrae así, apretando la soga un liquido intenso que dará color al vino. De hace un tiempo a esta parte, también se están utilizando para el estruje los capachos de esparto para la aceituna, que rellenos de uva y apilados, se prensan hasta su secado.



Junto a la elaboración de vinos, por estas sierras se extiende otro arte, que es la producción de vinagres. Lo cierto es que cierra el círculo de la uva, ya que los restos de la pisada y del estruje se han ido acumulando en una vinagrera o recipiente para sacarles el último producto, el vinagre de vino. Tras treinta días de pisada el contenido de la vinagrera está en fermentación. Justo cuando se ha acabado de estrujar toda la uva disponible, se le echa agua a la vinagrera para emparejar la temperatura de todo el contenido, y así se consigue igualar la desigual fermentación. A los tres o cuatro días ya es una fermentación homogénea de todo el contenido. Cuando se le eche agua y el resultante salga caliente, ya es vinagre, pues coge la temperatura de la correcta fermentación. Cuanto menos agua, el vinagre será de mayor calidad. Se recoge en vasijas, que con el tiempo irán tomando grados.

'Y llegamos al Pañero,
como también le decían,
le echaron más leña al fuego
y hasta que llegaba el día,
pegados a los fiesteros
y Rueda que siempre había,
¡que tiempos eran aquellos!'


Es muy romántico pasear por estancias llenas de objetos que en algún momento tuvieron una vida y una utilidad. El último morador puede incluso describir algún recuerdo de cada una de esas herramientas. Dándoles cabida en su propia experiencia, y haciéndolos suyos, han acabado guardados por alguna extraña razón, como acaban los recuerdos guardados en nuestra mente. Guardados para evocarlos, guardados para recrear una sonrisa o una pena. Guardados para ser usados cuando se necesiten. Guardados para el relevo.

Objetos antiguos como las horcas y el rastrillo de madera para trabajar la parva, la sierra carpintera, la traba de hierro con llave para los burros, toda clase de baúles y muebles sencillos. Herramientas aún en uso como las tijeras de podar, los azadones de gavilán, las cribas de garbanzos y de semillas, las varas y toldos para varear aceitunas y almedras. Los canastos de caña y acebuche, las orzas, los cantaros. Aperos para las bestias como las aguaderas, las angarillas para bacinar, los capachos de esparto para transportar la uva. Elementos evocadores como el pandero de verdiales, los deíles para no rebanarte los dedos con la hoz, y un espantapajaros mecánico.





Decíamos antes que muchos habitantes de lo rural, encontraron en la urbe un progreso del que carecían en el campo. Sin embargo, es un sentimiento generalizado abnegarse a la vida pasada como algo nostálgico y reparador. Como una vuelta a la alegría y a la felicidad, sobre todo de la tierna infancia, de la deseada juventud, de la vida familiar, y de la convivencia en la comunidad. Se han cambiado los usos de la casas, las formas de explotación de la tierra, pero corre por la sangre de los que se marcharon una llamada, que los hace retornar al lugar de origen, a la casa familiar.

'Bailaban las Maragatas,
las noches frías de invierno,
a la luz de una fogata,
jurándose amor eterno'


Al último morador del Lagarillo de Buena Vista, se lo enseñó todo su padre. Fue su aprendiz más fiel, al que eligió para transmitirle los saberes de la tierra y del vino. Continuó su legado desde el momento en que el padre delegó respondiendo a una pregunta suya. Como cada noche, padre e hijo repasaban las tareas a hacer el día siguiente. El hijo le preguntó con respeto al padre:
- Mañana, ¿que hay que hacer?, a lo que el padre respondió con desgana:
- A mí no me tienes que preguntar más, tu ya sabes cómo y cuando hacer las cosas.
Así, de esta manera tan sencilla, pasó el testigo de padre a hijo, y día a día, lustro a lustro, su única preocupación ha sido sacar la casa adelante, para que no se pierda ni la familia, ni la tierra que la sustentaba.

Sin descendencia, no ha tenido oportunidad de hacer lo propio. Está deseoso de transmitir esos valores de trabajo, esfuerzo y valía. Quiere traspasar los saberes acumulados. La edad lo tiene en jaque, pero ha sobrepasado con creces las expectativas puestas en él. Es un ejemplo a seguir. De capacidad y de resistencia. Es un referente como persona, y memoria viva de una época.

Ahora en el lagarillo olvidado sólo habitan una fiel perra guardiana, los gatos que mantienen la población de roedores a raya, y algún que otro mochuelo despistado. El eco de los pasos ya solo aparece en ocasiones a darles de comer.




El Lagarillo de Buena Vista perece lentamente sin ti. Y cada vez que regresas allí, el tiempo se detiene para que no vuelvas a partir, para que todo continúe como antes.


'Mientras más hondo es un pozo
más fresquita tiene el agua,
mientras más hablo contigo
más me gustan tus palabras'


Las coplillas son las recopiladas por Teresa Aguilar 'Miguelina' en su valiosa obra etnográfica y antropológica para la preservación y recuperación del folklore tradicional de Los Montes de Málaga:
'La Ruea. Maragata, Churripampa, Molinera' Col. Utopía de las Artes. Málaga, 2015
'Mi sentir y mi cantar' Autoedición Ed Rubical Impresores. Málaga, 2010
'Romances populares antiguos y anécdotas' (coautor Antonio Velasco) Autoedición Graf, San Pancracio. Málaga, 2002




domingo, 29 de enero de 2017

De las Peñas de Cabrera a la Torre Zambra, pasando por el Cerro de Mallén

La salida de hoy consiste en un recorrido por tierras de Casabermeja. Haciendo la excursión en este sentido evitamos los fuertes repechos de Bocanegra, que antes de cruzar nuevamente el rio bajaremos. La distancia aproximada que vamos a cubrir son alrededor de 25 kilometros, con una dificultad variable, que podemos considerar como media-alta. Hay cuatro etapas diferenciadas por el desnivel a salvar.


La primera etapa comienza en la antigua finca del Alcaide, hoy ya urbanizada, y que se ubica en la carretera de Casabermeja a Colmenar (A-356) en el km. 4, justo donde el Puente del Alcaide salta el rio Guadalmedina en dirección al diseminado de Los Portales. Una vez pasado el puente, giramos a la izquierda por un carril paralelo a la carretera que se adentra en los campos del Cortijo de Cabrera y desde el cual ya se divisan las 'piedras de Cabrera', conjunto pictórico de gran valor arqueológico, en el que se asienta este yacimiento de arte rupestre de la zona del rio Guadalmedina.

Una vez pasados los campos de cultivo entramos en un bosquecillo muy bien conservado de flora autóctona, con encinas, acebuches, esparragueras, jaras. Nos dirigiremos hacia las rocas visibles, que nos ofrecerán asombrosas fotografías con conjuntos de vegetación y roca que harán de este paseo un vergel de inspiración. Este tramo es accesible a todas las edades por la poca dificultad que alberga. El resultado entre paisaje y arte rupestre será embriagador, y nos hará soñar con el imaginario prehistórico de aquellos habitantes de estos parajes.












La segunda etapa es la que más desnivel positivo va a salvar, pues abarca desde donde nos encontramos hasta el Alto del Gallo en un primer tramo, y hasta el Alto de Cuellar en un segundo y último ascenso. Como recomendación para la subida diremos que para una ascensión sin complicaciones lo pertinente es ascender por la carretera desde la urbanización del Alcaide hasta el diseminado de los Portales, que luce una ermita-escuela muy bien conservada que aunó con una gran tradición de maragatas y verdiales hasta su despoblamiento. 





Esta zona es rica en olivos, almendros, higueras, moreras y otros frutales. También es una conocida zona de queso de cabra y requesones, con una importante cabaña caprina que abastece a la cooperativa del vecino pueblo de Colmenar, y que previene de incendios el cercano Parque Natural de Los Montes de Málaga, limpiando el sotobosque mientras pastan. Aunque si algo hay que señalar en esta zona, es la gran tradición, aún hoy en resistencia a desaparecer del arte de los Montes: el vino Pedro Ximen, que compite cara a cara con el mejor Moscatel y el afamado Xerez. Y que ha sido el complemento ideal al patrimonio de Los Verdiales, como fiesta, como historia viva de estas zonas rurales, y como modo de vida.


Por este orden pasaremos conforme ascendemos por el paraje de La Mesa, una planicie de olivos y encinas, seguiremos ascendiendo entre caserones hasta Las Almacigas y sus fuertes pendientes, continuamos hacia el Alto del Gallo, que se reconocerá por la casa de madera que lo corona a su izquierda. Luego un serpenteante terreno nos llevará al núcleo de Los Portales, con la ermita-escuela como emblema y algún que otro panel informativo de la cercanía del Parque Natural de Los Montes de Málaga. Si seguimos la carretera, aún nos toparemos con más casas hasta alcanzar el Alto de Cuellar, que tiene como distintivo un depósito de agua municipal que jamás llegó a funcionar, lo que nos dice que los terrenos se abastecen con agua de pozo, de mejor calidad que cantidad. No obstante, estas últimas lluvias, si bien no sacian las ganas de los lugareños, han dado un nuevo respiro al freático. La ascensión se ha caracterizado por un salpicar de casas reformadas, adecuadas a su nuevo uso vacacional y de ocio, con campos semiabandonados y explotaciones con muchas dificultades. La ascensión por carretera no está exenta de riesgos y se hace muy pesada, pero el obligado paso por el puerto del Gallo y la múltitud de propiedades a cruzar hacen de esta opción la más adecuada.


Antes de comenzar la tercera etapa, podemos darnos un respiro admirando el paisaje. Por el lado de la ascensión tenemos al frente al coloso Tornillo, que abre la Sierra hacia el boquete de Zafarraya en Granada. Por nuestro frente se nos abren dos panoramicas y dos caminos, hacia la izquierda nos dirigiremos hacia los Montes de Málaga con numerosas rutas, etnográficas (El Lagar de Torrijos), educativas (Las Contadoras), rutas deportivas, senderos, etc y hacia la derecha nos dirigimos hacia Casabermeja por un fuerte descenso que se nota más cuando se asciende, hacia el paraje de La Meica con una casa del mismo nombre, y otras en una semiplanicie muy entretenida y salpicada de ambiente rural.

Nos dirigimos hacia  el Cerro de Mallén, el punto más alto de Casabermeja y desde donde se divisa la Axarquia Alta, pueblos como Colmenar, Riogordo, Periana, y el vecino Parque de los Montes de Málaga. A partir de aquí, el terreno baja por un bosque mediterráneo bien poblado, con un paisaje muy similar al de las 'piedras de Cabrera' lo que nos indica que todo el terreno intermedio ha sido modificado por el hombre. Hasta llegar al paraje de Bocanegra iremos encontrando ruinas y casas aún habitadas. Las rocas son un constante en la ruta, y al llegar a estos parajes encontramos el Peñon del Fraile. Ya nos queda muy poco para llegar al rio y de aquí observamos en primer plano el camposanto, el pueblo de Casabermeja, y en la cima la Torre Zambra.









La llegada al rio nos marca el inicio de la última etapa de la ruta. Consiste en pasar el pueblo hacia la ermita para enlazar con el antiguo Camino Real a Málaga hasta un cruce que nos lleva a la Torre Zambra. El paso por el pueblo produce sus encantos visitando el cementerio de San Sebastian declarado conjunto histórico artístico por su singularidad, la iglesia de la Señora del Socorro y la ermita del mismo nombre. Llegados a ésta, nos encontramos muy cerca de la Torre Zambra, en un área recreativa llamada El Chorro, por la cercana fuente.








Este último tramo es el que más pendientes nos ofrece, pero también el que mejores vistas nos proporciona. Desde el área recreativa subimos hasta el puerto de las Melosillas, punto desde el que divisaremos tres repetidores gigantes, que serán la última referencia para el asalto a esta torre almenara de claras funciones defensivas y de vigilancia. Construida a partir del s. XIII, otea un territorio delimitado a la cuenca del rio Guadalmedina, con contacto visual con las torres de Jotrón y Los Verdiales hacia Málaga. Las panorámicas hacia el Torcal y Villanueva de la Concepción, la Sierra de Tejeda y en días claros Sierra Nevada y las costas africanas, se nos ofrecen con total nitidez desde este enclave privilegiado.